Monday, 6 June 2011

91 Armorique-Musée Postal – Gare de Lyon

Me dijiste que así, a bote pronto, la ciudad sería lo que más echarías de menos de París, y yo, aunque sin ser capaz de negártelo, no supe muy bien qué decir. La verdad es que yo también iba a echar en falta esta ciudad y sus calles haussmanianas –y sobre todo las no-haussmanianas–, pero mucho más sus gentes, su ambiente y la facultad. Algunas otras cosas eran mucho menos importantes para mí en París de lo que habían sido en España. Yo miraba distraídamente por la ventana, mientras me hablabas de la ciudad y de cómo te gustaba el barrio latino y el Panteón, que tenía las mejores vistas de la ciudad con diferencia, y así, a lo lejos, iba viendo pasar los boulevares del sur, los de la rive gauche, uno tras otro en busca de una salida al Sena y, de ahí, a la Gare de Lyon.

Debería haber tomado café y tú también, aun a sabiendas que me sienta mal, que me revuelve el estómago el café por la mañana. Cuando te lo dije, me soltaste tu gran teoría al respecto, algo así como que no acostumbro a tomar cafés por las mañanas, salvo cuando madrugo mucho y esos días suelen estar marcados en el calendario. Por no darte la razón seguí mirando los árboles milimétricamente recortados de avenue de l'observatoire y me dije que yo también echaría de menos la ciudad y todo lo que ella implicaba. París había sucedido a Barcelona y la había convertido en una mera ciudad de provincias, fea, sucia y gris. Por mi parte, yo afirmaba y reafirmaba que sólo mi Palma natal podía competir con París, aunque tampoco era del todo cierto. París se había convertido, de algún modo, en una casa distinta de las que había tenido hasta entonces, era una ciudad adulta y me había tratado como tal, permitiéndome crecer. Con estas ideas en mente me señalaste por enésima vez el Panteón a la altura de les gobelins. Sí que es verdad que también me gustaba mucho la zona y que, a pesar de no quejarme de nada de Saint-Guillaume, haber tenido clases en Panthéon-d'Assas no hubiera estado mal en absoluto.

Tuesday, 17 May 2011

Runrún.

Mientras sigo oyendo en mi cabeza los scores électoraux me planteo que quizás no debería haber cenado tanto y que mejor será que me vaya a la cama, que mañana tengo un largo día de no-vacaciones por delante. Y primero, creo, de despedidas, de las nuevas despedidas –porque ha habido viejas despedidas–. Días en los que vencer mi más pura y sincera apatía, últimos días –y yo aquí hablando de historia política francesa–. Si no fuera porque todo es tan fácil, no sé qué haría. Porque es muy fácil dejarse llevar, arrastrar, de aquí a allá y ver el centésimo e-cours e ir a la biblioteca y comer el eterno poulet crudités y luego dar una vuelta, ir al cine y quizás salir y sentir que así ya está bien. Y justamente no lo está, porque es lo difícil lo que me apetece profundamente, aunque me esfuerzo en decirme y decir lo contrario. Ahora que los nueve meses se acaban y yo y todos nos vamos y París queda como ciudad inmanente a todos los túes y todos mis yoes que, en cierto modo, no acaban de formar un nosotros porque París nos recuerda que todo esto no es más que un anacronismo y que París nos precede y sucede y nunca más.

Nunca más, sí, aunque quizás lo digo vacilando un poco. NUNCA MÁS y París, en tant que tel, no existirá nunca más. Es difícil no creer que, en el fondo, este presente resulta ficticio y que llevo una vida, sí, ajena. Muy bien vivida, eso sí. Pero París se me antoja mucho más perpetuo que efímero, pese a que todos sabemos que tampoco es cierto, que el recuerdo un día dejará de tener el valor que le otorgamos ahora y simplemente será eso, otro recuerdo. Demasiado frío e insensible me veo en las palabras, aun cuando luego la efimeridad de estos diez, quince días –y ni eso– me corroen, me arden; aun cuando sé que mi yoidad actual es inherente a esta ciudad y todos sus/mis túes –o más bien lo contrario–. Como verter palabras frías y tener el estómago caliente, que, ni sé dónde situarme ni qué decir. Porque todo es este runrún.

Y, pese a todo, no tenía pensado tocar ninguno de estos temas, aunque, ya me diréis qué temas he tratado. Porque tenía muy claro qué post escribir y sigo sin escribirlo desde enero. Tant pis, creo que hay mejores formas de cribar.

Thursday, 21 April 2011

La renovada primavera

En este momento ya sé que mañana maldeciré cada uno de estos minutos y, sin embargo, aquí sigo estirado, tratando de escribir y de pensar en este Primer Día de Abarcas del año. Primer Día de Abarcas en París. En casa no hay nadie y todos están por ahí de excursión, en nuevas casas haciendo panades, robiols o crespells o simplemente disfrutando de las vacaciones. Yo, en cambio, sigo en París, cosas de un país laico, pero no me quejo. Aprovecho las mañanas con copiosos desayunos y con mis últimas clases en Sciences Po. Las tardes acaban siendo mucho más productivas de lo que Cris y yo pensábamos. Así, hoy no sólo hemos comido al sol del césped más guarro y menos césped que ha habido nunca en la Tierar, sino que casi hemos terminado el dichoso paper. Sí me he reído en esa salita del 28, rue des Saints-Pères.

Huele a verano. De hecho mi piel ya lo sabe. Hace semanas que hemos dejado la dermatitis de invierno para adoptar la de verano. Es estupendo amar tan profundamente su propio cuerpo. Huele a verano y, sin embargo, sólo es 21 de abril. 21 de abril. Lo cierto es que por primera vez entiendo de forma completa el cambio estacional. Creo poder afirmar por todos los mediterráneos que estamos aquí que comprendo por fin las ansias por una renovada primavera.


Sunday, 17 April 2011

Requiem.

El otro día pensaba que, sin lugar a dudas, el día en que estrenas lentillas es el mejor del mes. Y así, con esa idea en la cabeza, me fui por ahí, a pasear y disfrutar de estos efímeros y últimos días parisinos. Con todas las ganas de aprovechar hasta el último rayo de sol y, al mismo tiempo, con el fin de sentirme una persona utilísima, aprovechar en cafés, bibliotecas, parques o en casa para leer, estirarme al sol, tomar un vinito o simplemente disfrutar de esta primavera parisina.

Richard Descoings, el director de Sciences Po, nos escribía ayer y, después de sus palabras, yo no dejo de darle más y más vueltas a todo el sentido de estar aquí o allí. Me siento y me levanto, me vuelvo a sentar y me agobia. No ha sido hasta ahora que me he visto en la obligación de verlo justamente al revés. Hay que ser consciente de las suertes ajenas y de las posibles suertes propias, pero, deviene necesario salir de casa como si estrenáramos lentillas todos los días, para cerrar este condenado ordenador de una vez por todas. Si no, ¿de qué me sirven todas las malas noticias si no es para encontrarle un motivo más aún para sentirme afortunado, para tener ganas de seguir?

Muy profundo me veo. Pero como para no estarlo.

Thursday, 17 March 2011

No woman, no cry

Curiosidades de la vida, salir dos minutos antes o dos más tarde y que me dé por coger el metro en Réaumour-Sébastopol en vez de Étienne Marcel, y que me dé por correr por si acaso, y que, llegue al andén un minutillo antes que el tren. Encontrarse a gente de Sciences Po y no querer saludarles, alejarse hacia el mitad del andén y entrar en el vagón donde, para variar, hay otro músico cantando. Y que no sea otro músico cantando, sino Bob Marley en persona, su reencarnación con una guitarra eléctrica y una voz que sonaban a la perfección.

Que, de entre todos, incluso los más parisinos se han quitado los cascos y se han puesto a tararear. Y yo sonriendo, como casi todos, cantando para mí mismo. Merci Monsieur, Merci Madame o Enjoy Saint-Patrick. Dejarle los dos euros y medio que llevo en monedas, porque, a fin de cuentas, ¿cuánto cuesta esta felicidad? ¿y la de la chica de gafas que estaba al lado y que, al terminar de cantar ha pedido otra a media voz (que yo he oído)? Desde luego, había tenido la tentación de ir hasta Raspail y hacer el enlace con la seis, aunque, por desgracia él se ha bajado conmigo en Montparnasse-Bienvenüe.

Monday, 14 March 2011

Un cielo azul-azul.

En manga corta, leyendo Whom must we treat equally for educational opportunity to be equal? de Christopher Jencks en la biblioteca de Sciences Po. Después del escalofrío, me digo que, en el fondo, lo mejor del verano son aquellos días del principio y del fin en los que, de repente, sin venir a cuento, el calor se convierte en una ligera brisa y te planteas que una chaquetilla no vendría mal y que los vaqueros son mejores que las bermudas. Las abarcas valen para cualquier día previo, durante y posterior al verano. El cielo es azul-azul, con cuatro nubes blancas escarpadas en el cielo. Imagino que, detrás de los cristales, hace viento y que no debe hacer tanto calor como aquí dentro. No sé a santo de qué, sale humo de una chimenea. En fin, prefiero no pensar en tal despilfarro. París es CASI primaveral y la gente, por lo general, se ha quitado la máscara de parisino-enfadado. Incluso la reclusión bibliotecaria sienta bien, te hace sentirte productivo, bien. En cualquier caso, salir de la biblioteca y que siga siendo CASI de día, es todo un premio a la constancia.

Tuesday, 8 March 2011

Doisneau.

A vegades penso que això de París no m'acaba de convèncer, que és massa literari i dramàtic dir que m'he escapat a un París en blanc i negre amb les fulles dels arbres per terra, tot de color tardor, amb un gran vent que pugi des del Sena i em permeti esvaïr-me una mica de tot. Perquè, realment París és una ciutat en blanc i negre o així m'hagués agradat sentir-la en el precís instant de la tardor, però, com sempre tard, ho dic ara que comença a venir la llum i un dia, de cop i volta, sortiran totes i cadascuna de les fulles dels castanyers dels boulevards del barri i el verd omplirà la ciutat, igual que un dia tot això haurà acabat i el record, llunyà, serà, aleshores sí, un record literari i dramàtic, sempre en el sentit més teatral de la paraula, en blanc i negre. Ara bé, abans d'això, queden encara setmanes i mesos.